Las reformas políticas iniciadas en 1977 dieron mayor presencia a la oposición en el legislativo y posteriormente en los tres órdenes de gobierno, aún con problemas, los contrapesos han obligado al debate y acuerdos, por ello su importancia para no regresar a etapas de un régimen autoritario

Jorge Guzmán Morales

A menos de 30 días de la conclusión de las campañas electorales, las tendencias en la mayoría de los sondeos, así como los resultados de las últimas elecciones federales y locales, indican que la geografía política sufrirá nuevos cambios en gran parte del territorio nacional, esto ante un proceso concurrente en prácticamente toda la nación con excepción de 2 entidades.

En este sentido, cabe recordar el significado y contexto, como antecedente, en el que se da la que es considerada la primera de las grandes e importantes reformas al sistema político nacional en 1977, a partir de la cual comenzaron a tener mayor presencia en el Congreso federal los partidos de oposición al Partido Revolucionario Institucional.

La reforma de 1977 atribuida a Jesús Reyes Heroles, reformó el artículo 41 constitucional y con ellas se promulgó la Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales, que entre otras cosas, permitió el acceso a medios de comunicación y la inclusión de la vía de representación proporcional en ese momento con 100 diputados.

En la L legislatura (1976-1979), el PRI tenía la totalidad de las 64 curules del Senado (con las reforma política en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari aumenta el número en la Cámara Alta a 128 senadores) y el 82.7 % en la Cámara de Diputados, mientras Acción Nacional el 8.43 %, el Partido Popular Socialista el 5.06 % y el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana el 3.79 %.

La casi absoluta presencia del otrora partido dominante al final de los 70, propiciaba el control versado en un sistema presidencial que no tenía contrapesos cuantitativos, pero que implicó la necesidad de grandes parlamentarios y figuras políticas de la oposición, la presión, múltiples sacrificios y muchas otras aristas sociales obligaron a posteriores reformas político-electorales.

El sistema de contrapesos, arribó y derivó en cambios en la vida democrática nacional, con avances si analizamos el autoritarismo de entonces, las consecuencias y acciones que costaron miles de desaparecidos desde la etapa de la guerra sucia de los 70 hasta la fecha, y situaciones de graves violaciones a derechos humanos obligan a una seria reflexión.

La elección presidencial en ciernes, aún y cuando no ha concluido, debe implicar una retrospectiva de la situación y desarrollo del sistema electoral en las últimas 5 décadas, el mosaico en el legislativo implica acuerdos en su interior, pero por consecuencia, el diálogo constante entre los 3 Poderes y el acceso a mayor información de los ciudadanos.

La previsión es que 2018 traerá una conformación completamente distinta, la renovación de 8 gubernaturas y la jefatura de gobierno en la Ciudad de México, con procesos locales concurrentes con el federal, ofrecerá una nueva visión nacional, por ello debe ponderarse la necesidad que la geografía electoral se mantengan no como factor de escisión, sino de debate de ideas y acuerdos.

Las encuestas y sondeos señalan tendencias en cada uno de los procesos, sin embargo, una vez concluidos, vendrá una etapa de reflexión, quienes antes veían en una nueva reforma política, riegos de perder presencia ante una segunda vuelta electoral, serán quienes ahora observen en la misma, una vía de retorno al poder, eso y más, abordaremos en las próximas entregas…