El dueño del periódico tuvo el atrevimiento de advertirle de forma velada a un periodista que podía hacerle daño a su novia si no se disculpaba en público

Elier Lizárraga

Culiacán, Sin.- Hemos hablado en múltiples ocasiones sobre la situación de Noroete pero nos vemos obligados a hacerlo una vez más debido a que nos informaron sobre un acto de los más deplorable por parte de Manuel Clouthier Carrillo, el dueño de la casa editorial: tuvo el atrevimiento de amenazar a un reportero luego del escándalo que protagonizó en Twitter hace unos meses.

No diremos el nombre del reportero por respeto a él y a la fuente que nos proporcionó la información, pero quienes conozcan la historia pueden darse una idea y, quienes conozcan a Clouthier, sabrán juzgar si lo que contaremos a continuación es real.

Recordemos un poco: debido a la situación que viven los empleados de Noroeste al trabajar sin que les paguen, uno de los periodistas le reclamó al empresario que, mientras él se encontraba de viaje, los empleados del periódico tenían que vivir de prestado porque les debían varios meses de salario.

Indignado, Manuel Clouthier llamó al reportero (pedimos una disculpa al lector por el lenguaje, pero son palabras del propio Clouthier) culo, llorón y acomplejado. Todo por reclamarle lo justo y con la razón de su lado.

Luego de esto se vino una protesta por parte del personal del periódico que acabó con el despido de varios de los mejores periodistas que trabajaban ahí y la renuncia de otros cuantos, también buenos.

Hasta aquí la historia es conocida y hecha pública por sus propios protagonistas, pero lo que viene a continuación nadie lo sabía. Al día siguiente, Clouthier mandó llamar a uno de los reporteros que protesto contra él para verse en su oficina.

El ingeniero, tratando de lavar su imagen, le propuso al periodista que ambos pidieran una disculpa pública por todo lo que había pasado el día anterior y a cambio resolvería su situación financiera en ese momento.

La idea era publicarlo en Twitter y ofrecer una conferencia de prensa en la que ambos lucieran como amigos ante las lentes de las cámaras y que todos los periodistas del estado pudieran ver el gran hombre que es Manuel Clouthier y que todo el episodio había sido un arranque por la desesperación de los involucrados.

Clouthier no contaba con que el periodista le diría que no. El periodista mantuvo su posición y rechazó tajantemente la idea de aparecer con el empresario ante los medios de comunicación y hacer como que al interior de Noroeste no pasaba nada.

Indignado, el dueño del rotativo estatal amenazó al periodista.

-Yo sé quién es tu novia. Sé muy bien quien es, sé donde trabaja y todo.

-Haga lo que quiera -le respondió el periodista -antes de venir a esta entrevista yo ya presenté mi renuncia a Noroeste y no pienso seguir con esto.

Clouthier pronunció aquellas palabras en un tono sutil, pero la amenaza hacia la integridad del periodista era clara. Si cooperaba, no iba a pasar nada. Si no, la historia sería diferente.

Por supuesto, la renuncia del periodista y la salida de otros reporteros de la empresa hizo mella en la imagen de Clouthier. Imagen que estaba dispuesto a lavar de cualquier forma posible, incluso amenazando a su personal.

Esta historia fue contada a algunas personas y se fue contando hasta que llegó a nuestros oídos. No podíamos dejar de contarlo, aunque ya haya pasado un tiempo, porque no es justo que alguien amenace a un colega de esa manera.

En el Congreso del Estado se está cocinando una ley de protección a defensores de los derechos humanos y periodistas precisamente para que este tipo de situaciones no ocurran y, de ocurrir, que no queden impunes.

En este caso, sabemos que a Clouthier no le pasará nada, pero tampoco podemos dejar que ande por el mundo y presuma en Twitter la gran persona que es cuando va por ahí amenazando a periodistas.

Este tipo de amenazas debe terminar. Nadie, especialmente los dueños de las empresas periodísticas, debe pasar por encima de los derechos de los reporteros. Nadie con un poco de poder debe quedar impune ante estos actos. Y esperamos que nadie, de verdad, nadie, sufra este tipo de amenazas en ninguno de los periódicos locales.

Una vez más, nuestra solidaridad con los colegas que, ya sea por amor a la camiseta, trabajan en condiciones injustas. Ojalá la justicia les llegue pronto.